Historia de la Genética
Autor: Ing. Agr. Carlos González
La construcción de la Genética durante este siglo constituye una de las aventuras intelectuales más prodigiosas de la mente humana. Aunque la Genética es una ciencia del siglo XX -pues se inicia con el redescubrimiento de las leyes de Mendel en 1900 y no fue hasta 1906 que el británico William Bateson acuñó el término y escribió el primer libro de texto-, los avances conceptuales del siglo XIX fueron fundamentales para el pensamiento genético posterior.
La segunda mitad del siglo XIX
Durante el periodo 1850-1900 la biología emerge de los
últimos vestigios medievales y aristotélicos y surge una visión unificada cuyo
paradigma no es esencialmente distinto del nuestro. La teoría celular se había
establecido ya en los años 30, pero en 1858 el fisiólogo alemán R. Virchow
introduce una generalización adicional, el principio de la continuidad de la
vida por división celular, que sintetiza en su célebre frase omnis cellula e
cellula. Se establece entonces la célula como la unidad de reproducción. El
reconocimiento de la célula como unidad reproductora condujo al abandono de la
generación espontánea y del preformacionismo. Un animal o una planta se
originan de una simple célula mediante un proceso epigenético, a través de
sucesivos estados de diferenciación de un huevo indiferenciado. La célula
contiene las potencialidades de generar un organismo. Esta generalización llevó
casi compulsivamente a la búsqueda de la base material de la herencia.
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El naturalista británico Charles Darwin introduce en
su libro de 1859 El origen de las especies la segunda gran unificación
del siglo XIX: la teoría de la evolución biológica. Según ésta, la
formas orgánicas ahora existentes proceden de otras distintas que existieron
en el pasado, mediante un proceso de descendencia con modificación. Darwin
reunió una evidencia arrolladora procedente de muy diversas disciplinas de
investigación biológica en favor del hecho evolutivo y logró que esas
disciplinas convergieran en el ámbito de la explicación en un proceso
natural: la selección natural. |
Con el objeto de imponer estas dos revolucionarias concepciones
Darwin introduce una nueva y radical perspectiva metafísica: el pensamiento
poblacional. En contraste con la visión esencialista dominante en su
tiempo, la variación individual, lejos de ser trivial, es para Darwin la piedra
angular del proceso evolutivo. Son las diferencias existentes entre los
organismos en el seno de una población las que, al magnificarse en el espacio y
en el tiempo, constituirán la evolución biológica. La teoría de la evolución
fue casi inmediatamente aceptada por la comunidad científica, pero su teoría de
la selección natural tuvo que esperar hasta la tercera década del siglo XX para
su aceptación general.
El esquema de Darwin carecía de una explicación para
el origen y el mantenimiento de la variación genética sobre la que opera la
selección. Años después del Origen, en 1868, Darwin intenta explicar el
fenómeno de la herencia a través de la hipótesis provisional de la
pangénesis. Esta hipótesis es el resultado de un intenso trabajo de
recopilación e interpretación conceptual de un gran número de observaciones y
experimentos, que se recogen en un tratado de dos volúmenes The variation
of animals under domestication. En ella postula la existencia de
partículas hereditarias o de reproducción, que llamó gémulas. Cada parte del organismo
e incluso partes de las células producen sus propias y específicas gémulas -los
ojos, las gémulas de los ojos, el corazón las gémulas del corazón-. Las gémulas
fluyen por todas las partes del cuerpo, de modo que en cada parte, tales como
en los óvulos y el esperma, pueden encontrarse todos los tipos de gémulas. Así
las células reproductoras tienen la potencialidad de desarrollar un organismo
completo. Contrariamente a las conclusiones del Origen, su hipótesis de
la herencia resultó errónea, como demostró, entre otros, su sobrino Francis
Galton en un experimento de transfusión sanguínea recíproca entre dos cepas de
conejos que diferían en su color. De cualquier modo, su trabajo estimuló el
pensamiento genético.
Tres años
antes del tratado de Darwin sobre la herencia, en 1865, el monje austríaco
Gregor Mendel publicó el trabajo Experimentos de hibridación en plantas
en el Boletín de la Sociedad de Ciencias Naturales de Brno (Moravia,
actualmente en la República Checa). En el se resumían experimentos que había
llevado a cabo durante 8 años en el guisante Pisum sativum. El trabajo de Mendel se enmarcaba dentro del
paradigma de la teoría de la evolución, pues una de las razones para efectuar
dicho trabajo era "alcanzar la solución a una cuestión cuya importancia
para la historia evolutiva de las formas orgánicas no |
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debería ser subestimada". Sus experimentos son el
paradigma del análisis genético y su trabajo es considerado fundacional de la ciencia
de la Genética. Un diseño experimental sencillo junto con un análisis
cuantitativo de sus datos fue la fuerza principal de su trabajo. Los
experimentos demostraron que (1) la herencia se transmite por elementos
particulados (refutando, por tanto, la herencia de las mezclas) que (2) siguen
normas estadísticas sencillas, resumidas en sus dos principios. Pero el momento
no era propicio y el nuevo paradigma de la ciencia de la Genética debería
esperar 35 años. Y no fue, como se ha creído, porque su trabajo fuera
desconocido. El trabajo de Mendel fue, simplemente, inapreciado. Mendel
intercambió correspondencia con el alemán Carl Nägeli, unos de los más
preeminentes botánicos del momento. Éste no pareció muy impresionado por su
trabajo y le sugirió a Mendel que estudiara otras plantas, entre otras Hieracium,
en la que Nägeli estaba especialmente interesado. En ella Mendel no encontró
normas consistentes en la segregación de sus caracteres y empezó a creer que
sus resultados eran de aplicación limitada, por lo que su fe y entusiasmo en su
trabajo disminuyó. No fue hasta mucho tiempo después de la muerte de Mendel, en
1903, que se descubrió que un tipo especial de partenogénesis ocurre en Hieracium,
la cual produce desviaciones de las proporciones esperadas. Debido al olvido y
a la desidia hacia su trabajo, se puede afirmar que sin Mendel la ciencia de la
Genética posiblemente sería la misma.
Nuevas técnicas citológicas, el desarrollo del
microtomo y de las lentes de inmersión en aceite en la década 1870-80, condujeron
al descubrimiento de la fecundación, la fusión de los núcleos del óvulo y del
esperma para formar el núcleo del huevo, y la mitosis. En 1784 Nägeli enuncia
la teoría del idioplasma, que establece que el núcleo celular es el vehículo de
la herencia. En 1883 van Beneden trabajando en el nemátodo Ascaris
descubre la meiosis y reconoce la individualidad de los cromosomas. T. Boveri,
en un programa de investigación que se inicia en 1888 y acaba en 1909,
demuestra que los cromosomas mantienen su estabilidad entre generaciones. A
partir de 1880 había un acuerdo general que el material hereditario residía en
los cromosomas -a pesar que esto no estuvo completamente claro hasta 1916.
El alemán August Weismann enuncia en 1885 su teoría
de la continuidad del plasma germinal. En ella reconoce dos tipos de
tejidos en los organismos, el somatoplasma y el germoplasma. El primero forma
la mayor parte del cuerpo de un individuo, mientras que el germoplasma era una
porción inmortal de un organismo que tenía la potencialidad de duplicar a un
individuo. A diferencia de la teoría de la pangénesis, el germoplasma no
proviene del somatoplasma ni se forma nuevamente cada generación, sino que
constituye la continuidad de la información genética entre generaciones. Su
teoría rechazaba rotundamente la herencia de los caracteres adquiridos y supuso
un mayor énfasis en el material hereditario. Se llamó Neodarwinismo a la
fusión de la teoría de la evolución por selección natural y la hipótesis del
plasma germinal de Weissmann. En 1883 Weismann propuso la teoría de que las
partículas hereditarias o bióforas eran invisibles, autorreplicativas y
asociadas con los cromosomas de un modo lineal y postuló que cada biófora
estaba implicada en la determinación de una característica. Su intuición fue
realmente prodigiosa.
En 1871 Fiedrich Miescher aisló nucleína de núcleos de
células de pus humanos, hoy sabemos que esta nucleoproteína forma la cromatina.
En 1886 el citólogo americano E. B. Wilson sugiere una relación entre la
cromatina y el material genético.
El siglo XX
1900-1940: la Genética clásica
La entrada en el siglo XX produce una explosión de
nuevos descubrimientos que ya no se detendrá, y que se continuará a un ritmo
siempre creciente. Se resumirán brevemente los avances principales.
En la primera década se produce la síntesis de los
trabajos genéticos (de hibridación experimental) y citológicos. Esta síntesis
simboliza la mayoría de edad de la Genética, iniciándose como ciencia propia e
independiente. El siglo empieza con el redescubrimiento de las leyes de Mendel
por los trabajos de 3 botánicos: Carl Correns, Hugo de Vries y Eric Von
Tschermak, a las que el británico William Bateson dará un gran impulso. Se
produce una integración inmediata de los estudios genéticos y citológicos. En 1902,
Boveri y Sutton se percatan, de forma independiente, de la existencia de un
estrecho paralelismo entre los principios mendelianos recién descubiertos y la
conducta de los cromosomas en la meiosis. En 1905 Bateson acuñó (en 1901 había
introducido los términos alelomorfo, homocigoto y heterocigoto) el término
genética para designar "la ciencia dedicada al estudio de los fenómenos de
la herencia y de la variación". En 1909 el danés Wilhelm Johannsen
introduce el término gen como "una palabrita... útil como expresión para
los factores unitarios... que se ha demostrado que están en los gametos por los
investigadores modernos del mendelismo".
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Durante la
segunda década de este siglo Thomas Hunt Morgan y su grupo de la Universidad de
Columbia inician el estudio de la genética de la mosca del vinagre Drosophila
melanogaster. En 1910 descubren la herencia ligada al X y la base
cromosómica del ligamiento. |
En 1913 A. H. Sturtevant construye el primer mapa
genético y en 1916 Calvin Bridges demuestra definitivamente la teoría
cromosómica de la herencia mediante la no disyunción del cromosoma X. En 1927
H. J. Muller publica su trabajo en el que cuantifica mediante una técnica de
análisis genético (la técnica ClB) el efecto inductor de los rayos X de letales
ligados al sexo en Drosophila. En 1931 Harriet Creighton y Barbara
McClintock en el maíz y Gunter Stern en Drosophila demuestran que la
recombinación genética está correlacionada con el intercambio de marcadores
citológicos. Todos estos descubrimientos condujeron a la fundación conceptual
de la Genética clásica. Los factores hereditarios o genes eran la unidad básica
de la herencia, entendida tanto funcional como estructuralmente (la unidad de
estructura se definía operacionalmente por recombinación y por mutación). Los
genes, a su vez, se encuentran lineal y ordenadamente dispuestos en los
cromosomas como perlas en un collar.
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Paralelamente a estos avances, otro conflicto que
había surgido con el Origen de Darwin empezó a resolverse. Era el
problema de la naturaleza de la variación sobre la que se produce la
evolución. Mientras que Darwin puso énfasis en la evolución gradual y
continua que transforma la variación dentro de las poblaciones en variación entre
poblaciones, otros, como Thomas Huxley e, inicialmente, Galton (cuyo libro
Natural inheritance, 1989, se considera fundador de la ciencia de la
Biometría) creían que la |
evolución procedía de forma rápida y discontinua, por lo
que la selección usaba primariamente variación discontinua, no teniendo ningún
valor evolutivo la variación continua. Con el mendelismo este antagonismo se
acentuó hasta convertirse en conflicto entre los mendelianos por un lado -que
apoyaban la evolución discontinua- y los biométricos por el otro -que
estudiaban la variación en los caracteres físicos cuantitativamente y creían en
la evolución darwiniana-. Los primeros estaban capitaneados por Bateson, Morgan
y Hugo de Vries mientras que Karl Pearson y W. F. R. Weldom (junto con Galton,
que se les unió ideológicamente después) fueron los principales biométricos. En
1908 se formula la ley de Hardy-Weinberg que relaciona las frecuencias génicas
con las genotípicas en poblaciones panmícticas. Entre 1918 y 1932 la larga
polémica entre biométricos y mendelianos se zanja finalmente: Ronald Fisher,
Sewal Wright y J. B. S. Haldane llevaron a cabo la síntesis del darwinismo, el
mendelismo y la biometría y fundan la teoría de la Genética de poblaciones.
Fisher demuestra en 1918 que la variación cuantitativa es una consecuencia
natural de la herencia mendeliana. El desarrollo de modelos matemáticos de
acción de la selección despejó las dudas en cuanto a si la selección podía o no
producir cambios importantes incluso cuando sus coeficientes eran débiles: la
selección volvió a adquirir un papel preponderante como agente evolutivo. En la
Genética de poblaciones la teoría de la evolución se presenta como una teoría
de fuerzas -la
selección, la mutación, la deriva genética y la migración-. Estas fuerzas actúan sobre un acervo genético que
tiende a permanecer invariable como consecuencia de la ley de Hardy-Weinberg
que a su vez es una consecuencia de la extensión de la primera ley de Mendel a
las poblaciones. La Genética de poblaciones se estableció como el núcleo
teórico, el componente explicativo, de la teoría de la evolución. La
integración de la Genética de poblaciones con otros programas de investigación
evolutiva -tales como la biología de poblaciones experimental, la sistemática,
la paleontología, la zoología y la botánica- produjeron durante el periodo de
1937-1950 la teoría sintética o neodarwinista de la evolución. En ella se
produce la mayor integración de disciplinas, nunca antes alcanzada, de una
teoría evolutiva.
Desde 1940 en adelante: el acceso al nivel molecular
Tras la segunda guerra mundial se produce el verdadero asalto a la naturaleza física del material hereditario. La genética de procariotas inicia los nuevos horizontes de indagación. Se establece finalmente el ADN como la substancia genética. A ello le sigue el descubrimiento del dogma del flujo de la información genética: ADN - ARN - proteínas. También se producen grandes avances en el conocimiento de la estructura y función de los cromosomas. Por último los setenta producen las técnicas de manipulación de ADN que afectarán revolucionariamente a todas las disciplinas de la genética. A continuación se exponen, muy brevemente, los principales hitos de este periodo.
James Watson y Francis Crick |
· A partir de los 1940 se aplican las técnicas moleculares sistemáticamente y con extraordinario éxito en Genética. El acceso al nivel molecular ha empezado: la estructura y función de los genes es el próximo frente del avance genético. · 1941: George Beadle y E. L. Tatum introducen la revolución de Neurospora estableciendo el concepto de un gen-una enzima: los genes son elementos portadores de información que codifican enzimas. |
Dicha estructura sugería, de un modo inmediato, como el material hereditario podía ser duplicado o replicado. Una estructura pasmosamente simple proveía la explicación al secreto de la herencia: la base material (ADN), la estructura (doble hélice 3-D) y la función básica (portador de información codificada que se expresa y se transmite íntegramente entre generaciones) del fenómeno genético era, por fin, inteligible. No debe sorprendernos que el descubrimiento de la doble hélice se considere el más revolucionario y fundamental de toda la biología.
Simultáneamente a estos descubrimientos, Seymour
Benzer publica en 1955 su primer trabajo sobre la estructura fina del locus
rII en el fago T4. En 1961 Jacob y Jacques Monod proponen el modelo del
operón como mecanismo de regulación de la expresión génica en procariotas.
Charles Yanofsky y su equipo demuestran la colinearidad entre genes y sus
productos proteicos en 1964. En 1966 R. Lewontin, J. L. Hubby y H. Harris
aplican la técnica de la electroforesis en gel de proteínas al estudio de la
variación alozímica de las poblaciones naturales, obteniéndose las primeras
estimas de la variación genética de un sinnúmero de especies. La teoría
neutralista de la variación molecular introducida por el japonés M. Kimura en
1968 suministra la primera explicación satisfactoria al exceso de variación
hallada.
Los 70 presencian el advenimiento de las técnicas de
manipulación del ADN. En 1970 se aíslan las primeras endonucleasas de
restricción y H. Temin y D. Baltimore descubren la transcriptasa inversa. En
1972 se construye en el laboratorio de Paul Berg el primer ADN recombinante in
vitro. El año 1977 fue pródigo: se publican las técnicas de secuenciación
del ADN de Walter Gilbert y de Frederick Sanger; Sanger y sus colegas publican,
a su vez, la secuencia completa de 5387 nucleótidos del fago f X171;
varios autores descubren que los genes eucariotas se encuentran interrumpidos (intrones).
Los primeros ratones y moscas transgénicos se
consiguen en 1981-82. Thomas Cech y Sidney Altman, en 1983, descubren la
autocatálisis del ARN. Este mismo año M. Kreitman publica el primer estudio de
variación intraespecífica en secuencias de ADN del locus Adh de Drosophila
melanogaster y S. Arnold y R. Lande introducen el análisis correlacional a
los estudios de selección fenotípica en la naturaleza. En 1986 Kary Mullis
presentó la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa. En 1990 Lap-Chee
Tsui, Michael Collins y John Riordan encontraron el gen cuyas mutaciones
alélicas son las responsables principales de la fibrosis quística. Ese mismo
año Watson y muchos otros lanzan el proyecto del genoma humano para
cartografiar completamente el genoma humano y, finalmente, determinar su
secuencia de bases. No es hasta 1995 que se secuencia el primer genoma completo
de un organismo, el de Mycoplasma genitalium. En 1996 se obtiene en el
laboratorio de I. Wilmut el primer mamífero clónico (la oveja Dolly) obtenido a
partir de células mamarias diferenciadas. En el 2000 se termina de establecer
la totalidad del genoma humano en sus grandes rasgos.